NOTA DE PRENSA
16 julio 2026

Cámaras o wearables en piscinas: ¿qué deberían comparar realmente los operadores?

Cámaras o wearables en piscinas: ¿qué deberían comparar realmente los operadores? 16 07 2026 AngelEye LinkedInFB 1200x627 px

A la hora de evaluar una tecnología de detección de ahogamientos, la pregunta correcta no es «¿Qué dispositivo parece más innovador?», sino: «¿Qué necesita realmente mi piscina?»

El primer aspecto que conviene analizar es la visibilidad del vaso. ¿El personal de vigilancia puede supervisar claramente todas las zonas de la piscina? En la práctica, el diseño de muchas instalaciones genera puntos ciegos. Elementos arquitectónicos, atracciones u otras estructuras pueden limitar el campo de visión de los socorristas, convirtiendo la visibilidad en un factor decisivo para la seguridad. Cualquier tecnología debería ayudar a compensar esas zonas de menor visibilidad.

Antes de comparar las distintas soluciones, merece la pena plantearse algunas preguntas fundamentales.

Cobertura

¿El sistema supervisa todo el vaso, incluidas las zonas sumergidas y los rincones con menor visibilidad?

Dependencia del usuario

¿Su funcionamiento depende de que los nadadores o sus padres lleven correctamente un dispositivo?

Gestión de las alertas

¿Con qué precisión se genera la alerta? ¿Con qué rapidez llega al personal?

Validación en condiciones reales

¿El sistema ha sido probado conforme a estándares reconocidos como la ISO 20380, la referencia internacional para los sistemas de detección de ahogamientos?

Adecuación operativa

¿Es realmente apropiado para su entorno, ya sea una piscina pública muy concurrida, una escuela de natación, un hotel o un complejo turístico?

Cumplimiento normativo y privacidad

¿El número de falsas alarmas es reducido? ¿Se registran los eventos? ¿La gestión de los datos cumple con los requisitos de privacidad?

Los dispositivos wearables, como bandas para la cabeza, pulseras o clips para gafas de natación, ofrecen un enfoque centrado en cada nadador. Por lo general, son económicos y fáciles de implantar, ya que no requieren cámaras ni obras de instalación. Cada usuario lleva un dispositivo impermeable que controla el tiempo que permanece sumergido. Si supera un umbral previamente establecido, el sistema envía una alerta al personal de vigilancia.

Sus ventajas son evidentes. Los wearables pueden utilizarse prácticamente en cualquier condición del agua y, al supervisar individualmente a cada nadador, eliminan los puntos ciegos desde la perspectiva del propio dispositivo.

Sin embargo, también presentan limitaciones importantes. Su eficacia depende de la correcta colaboración de los usuarios. Cada nadador debe recordar llevar el dispositivo y mantenerlo operativo. En una escuela de natación con mucha actividad o en un parque acuático, no es raro que un sensor se olvide, se retire o se pierda.

Además, la mayoría de estos dispositivos no proporcionan la ubicación exacta del nadador, sino que simplemente indican que una determinada persona ha permanecido bajo el agua más tiempo del permitido. Más importante aún, la alerta suele activarse únicamente después de que se haya superado el tiempo de inmersión establecido, a menudo 30 segundos o más. En ese momento, la emergencia ya está en marcha.

En otras palabras, los wearables pueden aportar una capa adicional de seguridad, pero también trasladan parte de la responsabilidad al propio nadador o a su acompañante.

Los sistemas basados en cámaras adoptan un enfoque completamente diferente: la tecnología forma parte de la instalación, no de las personas.

Las soluciones modernas de detección de ahogamientos suelen combinar cámaras subacuáticas y aéreas con algoritmos de inteligencia artificial capaces de analizar continuamente la escena en tiempo real. De este modo, supervisan simultáneamente a todos los nadadores sin que estos tengan que llevar ningún dispositivo.

Los sistemas conformes con la ISO 20380, como AngelEye, utilizan cámaras inteligentes para identificar los primeros indicios de una situación potencialmente crítica y enviar una alerta inmediata al personal. Además, pueden localizar con precisión al nadador afectado y proporcionar a los socorristas una imagen del incidente para facilitar una intervención más rápida.

Al supervisar de forma continua todo el vaso, estos sistemas también cubren zonas que podrían escapar a la atención de un único socorrista. Y, a diferencia de un sistema convencional de videovigilancia, no se limitan a grabar imágenes, sino que analizan los patrones de movimiento para diferenciar un comportamiento normal de una posible situación de ahogamiento.

Como cualquier tecnología, este enfoque también implica ciertos compromisos.

Los sistemas basados en cámaras suelen requerir una inversión inicial mayor y una instalación específica. A cambio, son capaces de detectar indicadores tempranos de una situación crítica, como movimientos irregulares o descoordinados, en lugar de depender únicamente de un temporizador de inmersión.

Además, los sistemas certificados conforme a la ISO 20380 son evaluados por laboratorios independientes que verifican su precisión, su velocidad de detección y su tasa de falsas alarmas.

En el caso de AngelEye, por ejemplo, esta certificación demuestra la capacidad del sistema para detectar un cuerpo inmóvil sumergido dentro de los tiempos establecidos, incluso en distintas condiciones de funcionamiento de la piscina. Esto proporciona a los operadores la tranquilidad de saber que el sistema responderá de forma fiable, no solo durante las demostraciones, sino también en el uso diario.

En definitiva, ni los wearables ni las cámaras son una solución universal. Ambos representan una capa adicional de seguridad, pero nunca sustituyen la supervisión activa de los socorristas.

La clave está en elegir la solución que mejor se adapte a las necesidades de cada instalación. En una pequeña escuela de natación, los wearables pueden ser suficientes. En una gran piscina pública con un diseño complejo, un sistema basado en cámaras probablemente ofrecerá una cobertura mucho más completa.

Sobre todo, conviene ir más allá de los mensajes comerciales y formular las preguntas adecuadas.

¿Las cámaras supervisan también las zonas subacuáticas? ¿El sistema dispone de una certificación ISO? ¿Cómo llega la alerta de un wearable al socorrista? ¿Cómo se gestionan las falsas alarmas?

Una estrategia eficaz de seguridad en piscinas no depende de la tecnología más llamativa, sino de la capacidad de cada solución para responder a las necesidades operativas reales de la instalación.

Al basar la decisión en estándares reconocidos y en las condiciones reales de funcionamiento, los operadores pueden elegir el apoyo más fiable para socorristas y usuarios, ya sea mediante wearables inteligentescámaras inteligentes o una estrategia de seguridad multicapa que combine ambas tecnologías.

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