NOTA DE PRENSA
8 julio 2026

El análisis predictivo en la gestión de piscinas para tomar mejores decisiones en materia de seguridad

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El concepto de análisis predictivo puede parecer abstracto, pero en el ámbito acuático significa algo muy sencillo: utilizar los datos de la piscina para anticiparse a las necesidades, en lugar de limitarse a analizar lo que ya ha ocurrido. Si un responsable puede identificar patrones, como los días de mayor afluencia, las zonas donde se producen más incidentes o los grupos de edad que utilizan la piscina en distintos momentos del día, podrá adaptar la dotación de socorristas y la organización de la supervisión antes de que se produzca un incidente. En este contexto, predecir significa, sobre todo, estar mejor preparado.

Tomemos como ejemplo datos reales de Australia. Un informe del sector reveló que los festivales escolares de natación triplican el riesgo de intervenciones de rescate. En otras palabras, los socorristas tienen tres veces más probabilidades de tener que sacar a una persona del agua durante este tipo de eventos que en una sesión de baño habitual. Este es precisamente el tipo de patrón que un buen análisis de datos puede poner de manifiesto. Si el responsable de una instalación sabe de antemano que un evento escolar puede superar la capacidad habitual de supervisión, podrá reforzar el número de socorristas, reorganizar las zonas de vigilancia o incluso adaptar las actividades que se desarrollan en la piscina.

De forma más general, los datos pueden revelar información muy valiosa. Un gráfico de asistencia diaria puede mostrar un aumento de adolescentes durante las horas de la tarde, mientras que un registro histórico puede indicar que la mayoría de los rescates tienen lugar en la calle 1. Con esta información, el responsable puede reasignar a los socorristas, modificar la distribución de las calles de natación o instalar señalización adicional donde más se necesita. También puede revisar los planes de supervisión desplazando al personal hacia un punto ciego identificado mediante los datos o reforzando la vigilancia en las zonas con mayor afluencia.

Es fundamental subrayar que los datos, por sí solos, no mejoran la seguridad. Lo que realmente marca la diferencia son las medidas que se toman a partir de ellos. Contar bañistas o registrar incidentes pasados carece de utilidad si esa información no conduce a cambios concretos. Los datos deben servir para respaldar la toma de decisiones. Dentro de una buena estrategia de gestión del riesgo, el análisis predictivo debe integrarse plenamente en el marco de seguridad de cada instalación. Debe contribuir al cumplimiento del deber de cuidado específico de cada piscina, pero nunca sustituir los principios fundamentales de la supervisión humana. En otras palabras, conocer el perfil y los flujos de los usuarios solo tiene sentido si esa información permite adaptar la forma y los lugares desde los que se supervisa la actividad en el agua.

Esto es especialmente importante porque las piscinas públicas son mucho más que un servicio recreativo: constituyen una infraestructura esencial para la comunidad. Diversos estudios realizados en Australia demuestran que las instalaciones acuáticas generan un enorme valor social, sanitario y económico. Según uno de estos informes, las piscinas australianas aportan cada año alrededor de 9.100 millones de dólares australianos en beneficios sociales y para la salud. Además, casi el 90 % de la población australiana vive a menos de veinte minutos en coche de una piscina pública. Utilizando los datos de forma inteligente, los operadores pueden potenciar estos beneficios mediante un acceso más seguro, mejores programas y una mayor confianza del público en sus instalaciones. Cada incidente evitado puede significar una vida salvada y una comunidad más tranquila.

En la práctica, la tecnología respalda todo este proceso. Los sistemas modernos de seguridad, como AngelEye, no solo detectan situaciones de emergencia, sino que también recopilan métricas operativas de gran valor, como el número de bañistas, mapas de calor de ocupación, estimaciones por grupos de edad y otros indicadores relevantes. Un panel de control puede mostrar las horas de mayor afluencia o señalar accesos repetidos de personas que no saben nadar. Al analizar esta información, los responsables pueden adoptar decisiones fundamentadas, por ejemplo:

  • Dotación de personal: programar un mayor número de socorristas durante los periodos o eventos identificados como de máxima afluencia.
  • Control de las sesiones: limitar el número de usuarios o aplicar normas más estrictas cuando los datos indiquen que una sesión presenta un mayor nivel de riesgo.
  • Distribución de la instalación: reorganizar las calles de natación o el equipamiento para repartir mejor a los bañistas cuando determinadas zonas presenten una ocupación excesiva.
  • Información y señalización: orientar los mensajes sobre seguridad acuática hacia los grupos o los horarios que los datos identifiquen como de mayor riesgo.

Al transformar los datos en información útil para la gestión operativa, las piscinas pueden pasar de reaccionar ante los incidentes de ahogamiento a reducir proactivamente el riesgo. La tecnología no sustituye a un equipo de socorristas atento y bien preparado, pero sí le proporciona mejores herramientas para proteger a los usuarios. En definitiva, el análisis de datos debe impulsar la acción: cuando los responsables comprenden claramente los patrones de uso de la instalación, pueden destinar los recursos allí donde tendrán un mayor impacto y contribuir a que el entorno acuático sea más seguro para todos.

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